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PAUTAS PARA ESTIRAR LA ESPALDA DE FORMA ADECUADA

Pautas para estirar la espalda de forma adecuada Realizar estiramientos de la espalda es fundamental para prevenir y tratar lesiones, ya que contribuye a relajar y fortalecer los músculos. Este hábito debería ser parte del día a día de cualquier persona. No obstante, es esencial que los estiramientos se realicen correctamente para maximizar sus beneficios y evitar posibles problemas.   ¿Por qué es importante estirar la espalda? Los estiramientos de espalda son una práctica sencilla y rápida que puede prevenir lesiones, especialmente en la zona lumbar. Al estirar las fibras musculares, se reduce el riesgo de sufrir daños que, en algunos casos, pueden ser incapacitantes. Además, los estiramientos proporcionan múltiples beneficios para la salud general y el rendimiento deportivo. Ayudan a relajar los músculos, evitan tensiones en músculos y ligamentos, fortalecen la musculatura y mejoran la flexibilidad de la columna vertebral.   ¿Cuándo se deben hacer estiramientos de espalda? Es especialmente importante estirar la espalda antes y después de realizar cualquier actividad deportiva. Antes del ejercicio, ayuda a preparar el cuerpo y, después, contribuye a que los músculos recuperen su posición natural. Sin embargo, no es necesario limitar los estiramientos a momentos de actividad física. Incorporar estiramientos de espalda en la rutina diaria es muy recomendable, por ejemplo, al iniciar el día después de estar tumbado durante la noche, o tras pasar muchas horas en la misma postura, como suele ocurrir en trabajos de oficina. Mantener este hábito a diario puede prevenir muchas lesiones relacionadas con malas posturas mantenidas de forma inconsciente.   Tipos de dolores en la espalda Cervicalgia: Afecta a la zona cervical. Dolor lumbar: Ocurre cuando los ligamentos de la zona lumbar se estiran o desgarran. Dolores dorsales: Afectan a la parte media de la espalda. Ciática: Dolor relacionado con el nervio ciático que se extiende hacia la pierna.   Importancia de una técnica adecuada para estirar la espalda La técnica es clave al estirar la espalda, ya que realizar estiramientos de forma incorrecta puede provocar lesiones. Por esta razón, es recomendable que un fisioterapeuta supervise las técnicas y diseñe una rutina de estiramientos adecuada para cada persona.   ¿Cómo estirar la espalda correctamente? Como se ha mencionado, la técnica es crucial al realizar estiramientos de espalda. Es importante evitar posturas forzadas y movimientos bruscos que puedan causar daños. Además, el paciente debe ser consciente de los músculos que está trabajando durante el estiramiento para identificar las sensaciones adecuadas. Contar con la guía de un fisioterapeuta puede ser muy útil para asegurar que los estiramientos se realizan correctamente, promoviendo la relajación y el fortalecimiento muscular.   Disciplinas recomendadas para estirar la espalda Algunas disciplinas pueden ser muy útiles para realizar estiramientos de espalda bajo la supervisión de un instructor especializado: Pilates: Este método es muy recomendable tanto para la prevención como para el tratamiento de lesiones en la espalda. A través de la conexión entre cuerpo y mente, se realizan ejercicios y estiramientos cuyo principal objetivo es el control corporal. Yoga: También es muy beneficioso para personas con problemas de espalda. El yoga trabaja en tres aspectos fundamentales: cuerpo, respiración y mente. El instructor guía la práctica, asociando las posturas físicas con el control mental, lo que ayuda a estirar los músculos de la espalda y mejora la flexibilidad de las fibras musculares.   Ejercicios para estirar la espalda A continuación, se detallan algunos ejercicios sencillos para estirar la espalda, que se pueden realizar en cualquier lugar y sin necesidad de equipo específico: Rotación de tronco: Tumbado boca arriba, deja caer las rodillas hacia un lado mientras giras el tronco hacia el lado contrario. Mantén la postura durante 20 segundos y repite hacia el otro lado. Rodillas al pecho: En la misma posición, eleva las rodillas y llévalas hacia el pecho. Esto ayuda a estirar la zona lumbar. Estiramiento en posición de niño: Sentado sobre las rodillas, inclina el cuerpo hacia adelante y estira los brazos lo más lejos posible. Este es un excelente estiramiento para la zona lumbar. Estiramiento de columna de pie: De pie, inclínate hacia adelante hasta tocar el suelo con las manos, sintiendo cómo se estira la columna. Mantén esta posición durante al menos 30 segundos. Realizar estiramientos de espalda de manera regular y con la técnica adecuada puede prevenir lesiones y ayudar a tratarlas. Para maximizar los beneficios, es recomendable buscar el asesoramiento de un fisioterapeuta, quien puede guiar y ajustar las técnicas según las necesidades individuales.

TRATAMIENTO DEL SÍNDROME COMPARTIMENTAL

Tratamiento del síndrome compartimental El síndrome compartimental, también conocido como síndrome de compartimento, es una condición médica poco frecuente pero muy grave. Generalmente afecta a los músculos del antebrazo y la parte interna de las piernas, aunque también puede presentarse en las manos, pies, muslos y parte superior de los brazos. A continuación, te explicamos todo lo que necesitas saber sobre el síndrome compartimental.   ¿Qué es el síndrome compartimental? El síndrome compartimental se produce cuando aumenta la presión dentro de un compartimento muscular, lo que compromete el suministro de sangre al tejido que se encuentra en ese espacio, provocando una disminución en el flujo sanguíneo. Esto puede causar daños en los músculos y nervios. Aunque es más común en las extremidades inferiores y superiores, también puede afectar otras áreas del cuerpo, como las manos y los pies. Existen dos tipos principales: el síndrome compartimental agudo y el síndrome compartimental inducido por el ejercicio. Se estima que esta condición afecta a 3 de cada 100.000 personas, siendo más frecuente en hombres jóvenes.   Causas del síndrome compartimental El síndrome compartimental puede originarse por diversas razones: Lesiones por aplastamiento: Daños significativos en los tejidos musculares, nervios y vasos sanguíneos pueden desencadenar esta afección. Fracturas óseas: Golpes o caídas, especialmente en actividades deportivas, pueden provocar el síndrome. Hematomas musculares: La acumulación de sangre en los músculos también es un factor desencadenante. Sobreesfuerzo físico: Actividades intensas o repetitivas pueden aumentar la presión dentro del compartimento muscular. Vendajes o torniquetes ajustados: La presión externa, como un vendaje demasiado apretado, también puede ser una causa común. El síndrome compartimental crónico o prolongado suele estar asociado a actividades repetitivas, y el dolor generado puede limitar dichas actividades.   Síntomas del síndrome compartimental Los síntomas de esta condición no siempre son fáciles de identificar, y tienden a empeorar con el paso del tiempo si no se trata adecuadamente. Los principales signos incluyen: Dolor intenso en la zona afectada, que puede progresar hasta la pérdida de sensibilidad o incapacidad para mover la extremidad. Entumecimiento, hormigueo y palidez en la piel, con una sensación de tensión o hinchazón en el área. La piel sentirse tensa debido al aumento de la presión interna.   Síndrome compartimental crónico inducido por el ejercicio Este tipo de síndrome es común en atletas que practican deportes con movimientos repetitivos. Los síntomas son similares a los del síndrome agudo, pero empeoran de manera progresiva mientras se realiza la actividad física. Si no se trata, puede llevar a una pérdida permanente de la funcionalidad en la extremidad afectada.   Diagnóstico y tratamiento del síndrome compartimental El diagnóstico del síndrome compartimental requiere descartar otras patologías que puedan presentar síntomas similares. Una resonancia magnética puede ser útil para evaluar los músculos y descartar otras causas del dolor. No obstante, la forma más precisa de diagnóstico es medir la presión dentro del compartimento afectado. Una técnica común para diagnosticar el síndrome es la “regla de las 6 P”: Dolor, Presión, Pulso ausente, Palidez, Parálisis y Parestesias (sensación de hormigueo). En cuanto al tratamiento, la fasciotomía es el procedimiento quirúrgico más utilizado. Consiste en realizar pequeñas incisiones en la piel para aliviar la presión dentro del compartimento. Además, es fundamental ajustar o reducir la actividad física para evitar el agravamiento de los síntomas.   Recomendaciones adicionales Evitar el uso de medias de compresión o vendajes ajustados, ya que pueden empeorar la presión en la zona afectada. No se recomienda el uso de antiinflamatorios, tanto tópicos como orales, ya que podrían agravar el problema. El frío local puede ayudar a aliviar el dolor, pero no debe usarse en exceso. La fisioterapia deportiva es otra opción recomendada para el tratamiento del síndrome compartimental. Es fundamental tratar el síndrome compartimental lo antes posible, ya que, en los casos más graves, puede provocar complicaciones severas, incluyendo la muerte de los tejidos. Si experimentas alguno de los síntomas mencionados, no dudes en consultar a un especialista para recibir un diagnóstico y tratamiento adecuados.

CAUSAS Y SÍNTOMAS DEL CODO DE TENISTA

Causas y síntomas del codo de tenista El término “epicondilitis” se ha empleado tradicionalmente para describir el dolor localizado en el epicóndilo lateral del codo. Sin embargo, en los últimos años ha habido un cambio en el enfoque médico con respecto a esta condición, que ahora se clasifica dentro de las entesitis, como la epicondilopatía. Anteriormente, se creía que el origen de esta afección estaba relacionado con una inflamación prolongada, pero estudios histopatológicos recientes han demostrado que el proceso principal no es inflamatorio, sino degenerativo. Por ello, el término más adecuado es “epicondilopatía”, aunque coloquialmente sigue siendo conocido como “codo de tenista”. Este problema suele estar vinculado a la sobrecarga repetitiva de los músculos que se insertan en el tendón del epicóndilo lateral, aunque también puede presentarse como resultado de traumatismos, aunque con menor frecuencia.   Anatomía y biomecánica El codo es la articulación que conecta el húmero con los huesos cúbito y radio. La epicondilopatía afecta al tendón que une los músculos responsables de la extensión de los dedos y la muñeca con la parte lateral y distal del húmero.   Diagnóstico del codo de tenista El diagnóstico se basa principalmente en los síntomas que presenta el paciente. Los afectados suelen experimentar dolor en la zona externa del codo al realizar movimientos que implican a los músculos extensores. En algunos casos, también se manifiesta una pérdida de fuerza en actividades cotidianas que requieren el uso de esa mano. Al palpar el punto de inserción del tendón en el epicóndilo, el dolor se intensifica. Las quejas más comunes incluyen molestias al levantar una jarra, al dar la mano o al abrir una puerta. La ecografía es la prueba más recomendada para confirmar el diagnóstico, aunque en algunos casos se puede recurrir a una resonancia magnética.   Tratamiento del codo de tenista El tratamiento fisioterapéutico es fundamental para la recuperación de esta afección. Se enfoca en flexibilizar los músculos extensores a través de diversas técnicas, y si es necesario, se trata de manera específica el tendón afectado. Además, es crucial restablecer la fuerza y funcionalidad de los músculos y estructuras involucradas. Es habitual que el fisioterapeuta trabaje no solo en la zona del codo, sino también en el cuello, brazo, antebrazo y muñeca, dado que todas estas áreas pueden verse afectadas. En algunos casos, el uso de órtesis puede ser útil durante el proceso de recuperación. Cuando el tratamiento convencional no resulta efectivo, se pueden considerar otras opciones, como la infiltración o la cirugía. En este último caso, se suele realizar una artroscopia de codo, que es una intervención mínimamente invasiva en la articulación. Independientemente del tratamiento elegido, es esencial seguir con un programa de rehabilitación y prevención para evitar recaídas.

¿QUÉ SON LOS ESPOLONES ÓSEOS?

Espolones óseos: Qué son, síntomas y tratamientos Los osteofitos, comúnmente llamados espolones óseos o picos de loro, son crecimientos óseos que se desarrollan en los bordes de los huesos. Dependiendo de la articulación afectada, los síntomas pueden variar. Estas formaciones pueden aparecer en la cadera, columna vertebral, rodilla, y hombro, entre otras zonas. Una de las formas más comunes de espolones óseos es la calcificación en el talón, aunque también pueden formarse en los pies y las manos. A continuación, te explicamos todo sobre los osteofitos, sus causas, síntomas y el tratamiento más adecuado para tratar estas formaciones óseas, además de algunos consejos útiles para su manejo.   ¿Qué son los osteofitos? Los espolones óseos son pequeñas protuberancias que crecen en los bordes de los huesos, especialmente en las articulaciones, donde los huesos se conectan entre sí. Aunque suelen ser lisos, estos crecimientos pueden generar fricción y desgaste en otros huesos, ligamentos o tendones cercanos. Los osteofitos pueden formarse en diversas articulaciones, como las de la cadera, rodilla, hombro, y la columna vertebral.   ¿Cuándo aparecen los osteofitos? Los espolones óseos son más comunes en personas mayores de 60 años, principalmente debido al desgaste natural de los huesos asociado con el envejecimiento.   Causas de los picos de loro Varias causas pueden provocar la formación de espolones óseos. Entre las más comunes se encuentran: Desgaste y envejecimiento: Con el paso del tiempo, el desgaste de los huesos y articulaciones favorece la aparición de osteofitos, lo que explica por qué suelen ser más frecuentes en personas mayores. Estrés en las articulaciones: Las articulaciones sometidas a un esfuerzo prolongado o sobrecarga pueden desarrollar espolones óseos. Osteoartritis: Esta enfermedad es una de las principales causas, ya que provoca el deterioro de las articulaciones, reduciendo su capacidad de movimiento y favoreciendo la formación de osteofitos. Artrosis: El daño que esta patología genera en las articulaciones también contribuye al desarrollo de espolones. Rozamiento prolongado: La fricción continua en las articulaciones durante largos periodos también puede causar la aparición de los picos de loro.   Síntomas de los espolones óseos Aunque muchos pacientes con espolones óseos no presentan síntomas, en algunas áreas del cuerpo pueden aparecer ciertas molestias: Rodilla: Los osteofitos en esta zona pueden causar dolor al doblar o extender la rodilla. Cadera: El movimiento de la cadera puede verse limitado y causar dolor cuando hay espolones óseos en esta articulación. Columna vertebral: En esta área, los espolones pueden comprimir los nervios, provocando debilidad y entumecimiento en los brazos y piernas.   Diagnóstico y tratamiento de los espolones óseos El diagnóstico de los espolones óseos puede realizarse mediante la palpación de las articulaciones afectadas para detectar la presencia de bultos. Las radiografías también son útiles para confirmar la existencia de osteofitos, especialmente en pacientes que ya padecen enfermedades como la artritis. El tratamiento puede variar según los síntomas y la gravedad de los espolones óseos. Las opciones incluyen: Reposo, aplicación de hielo y estiramientos: Estas medidas pueden aliviar el dolor y mejorar la movilidad de las articulaciones afectadas. Fisioterapia: Es fundamental para mantener la movilidad y fuerza de las articulaciones, y prevenir la aparición de nuevos osteofitos. En Clínica Elgeadi contamos con especialistas en traumatología que pueden ofrecer un diagnóstico completo lo más acertado posible para el tratamiento de los espolones óseos.   Consejos para tratar los picos de loro Para aliviar el dolor y mejorar la calidad de vida, se recomienda: Ejercicio moderado: Mantener la articulación activa con ejercicios aeróbicos como caminar y combinarlos con ejercicios de fuerza. Ejercicios de movilidad y estabilidad: Ayudan a mejorar la flexibilidad de la columna vertebral y otras articulaciones. Actividades como yoga, pilates y natación: Estas disciplinas son especialmente útiles para fortalecer y flexibilizar las articulaciones, evitando que se debiliten. Mantener una vida activa y contar con el apoyo de especialistas en traumatología es clave para diagnosticar y tratar correctamente los espolones óseos. Para comenzar un plan de tratamiento personalizado, es recomendable consultar con un traumatólogo que evalúe la situación y sugiera las mejores opciones para la recuperación

SIMILITUDES ENTRE PRÓTESIS Y ÓRTESIS

Hoy en día, es común que los especialistas en traumatología recurran tanto a prótesis como a órtesis en el tratamiento de diversas afecciones. Para determinar el uso adecuado de cualquiera de estos dispositivos, es esencial que el paciente sea evaluado de manera exhaustiva por un médico, con el fin de seleccionar la opción más apropiada según el diagnóstico.   ¿Qué es una prótesis? Una prótesis es un dispositivo artificial diseñado para reemplazar una parte del cuerpo que ha sido dañada o está ausente, generalmente a través de una intervención quirúrgica. Puede ser necesaria tras una amputación o debido a malformaciones congénitas, y su objetivo principal es replicar la funcionalidad de la parte del cuerpo que ha sido reemplazada, permitiendo al paciente recuperar su movilidad o realizar actividades diarias con mayor facilidad.   Tipos de prótesis Existen varios tipos de prótesis que se clasifican de acuerdo con diferentes criterios. Una primera clasificación se realiza según el material de fabricación, siendo los más comunes el plástico, aluminio, metal o resina. Otra clasificación distingue entre prótesis según su método de colocación: las endoprótesis, que requieren cirugía para su implantación, y las exoprótesis, que pueden ser colocadas y retiradas por el propio paciente sin intervención quirúrgica. Finalmente, se puede diferenciar entre prótesis totales, cuando sustituyen por completo una articulación, y parciales, cuando solo reemplazan una parte de la misma. Además, las prótesis pueden ser fijas o movibles, dependiendo de si pueden ser retiradas o no por el paciente.   Indicaciones para la colocación de una prótesis El uso de prótesis suele recomendarse en pacientes mayores con enfermedades degenerativas como la artrosis u osteoporosis, en los que los huesos y cartílagos han sufrido un deterioro significativo. En estos casos, es común la colocación de prótesis de cadera. Además, pueden utilizarse en personas que han sufrido traumatismos severos, como accidentes que afectan la movilidad o generan dolor crónico, para mejorar su calidad de vida.   ¿Qué es una órtesis? Una órtesis es un dispositivo externo que se utiliza para corregir, estabilizar o modificar la función de una parte del cuerpo afectada, generalmente sin necesidad de cirugía. A diferencia de las prótesis, las órtesis se pueden colocar y retirar fácilmente por el paciente y están orientadas a modificar la funcionalidad del sistema locomotor.   Tipos de órtesis Las órtesis se clasifican en varios tipos según su función. Las órtesis estabilizadoras están diseñadas para inmovilizar una zona afectada, como las férulas o escayolas, que proporcionan reposo. Las órtesis funcionales permiten una movilidad limitada, siendo útiles para una recuperación gradual tras una lesión. También existen las órtesis correctoras, cuya función es corregir posturas inadecuadas que podrían provocar o agravar lesiones, y las órtesis protectoras, que protegen las articulaciones de futuros daños.   ¿Cuándo se indica el uso de una órtesis? Las órtesis son recomendadas cuando es necesario corregir posturas o movimientos que podrían ser perjudiciales para el paciente, tanto a corto como a largo plazo. Son comúnmente utilizadas en rehabilitación de fracturas, para limitar la movilidad excesiva o brusca y así favorecer una correcta recuperación.   Diferencias clave entre prótesis y órtesis La diferencia principal entre una prótesis y una órtesis radica en su función: mientras que la prótesis sustituye una parte del cuerpo ausente o dañada, la órtesis actúa como soporte externo para ayudar en la recuperación o corrección de lesiones sin reemplazar estructuras anatómicas. Además, la prótesis suele requerir intervención quirúrgica, mientras que la órtesis no y es manipulable por el paciente. Las patologías que requieren uno u otro dispositivo también varían. Las prótesis son útiles en enfermedades degenerativas graves, mientras que las órtesis son más efectivas para tratar lesiones menos severas, como fracturas o problemas posturales.   ¿Quién puede beneficiarse del uso de una prótesis o una órtesis? Prácticamente cualquier paciente puede ser candidato para el uso de una prótesis u órtesis, siempre y cuando sea evaluado por un especialista en traumatología. En el caso de las órtesis, aunque son tratamientos no invasivos, deben ser igualmente supervisados por un profesional de la salud para garantizar su correcta utilización y obtener los mejores resultados. Ambos dispositivos pueden mejorar significativamente la calidad de vida del paciente, ayudándole a recuperar su movilidad y permitiéndole llevar a cabo tareas cotidianas de manera más autónoma.

¿POR QUÉ SE FORMAN LOS GANGLIONES?

¿Por qué se forman los gangliones? Los gangliones son los tumores benignos más frecuentes en las articulaciones y tendones. Aunque su aparición es común en la muñeca, también pueden desarrollarse en el pie o el tobillo. En este artículo, exploraremos a fondo las causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento de los quistes ganglionares.   ¿Qué son los gangliones? Los gangliones son pequeñas protuberancias que se forman en las articulaciones o tendones, rellenos de líquido sinovial, el cual lubrica y protege las articulaciones. Estos quistes, aunque benignos, suelen ser indoloros. Son más comunes en la parte posterior de la muñeca, pero también pueden aparecer en la mano, los dedos, el tobillo, el pie e incluso la rodilla. Una curiosidad sobre los gangliones es que en el pasado se les conocía como “quistes bíblicos” porque antiguamente se creía que la mejor manera de tratarlos era golpeándolos con un libro grueso, como una Biblia. Evidentemente, este método no es recomendable.   Características de los quistes sinoviales Los quistes ganglionares son redondos u ovalados y están llenos de un líquido espeso y gelatinoso. Su tamaño puede variar rápidamente, llegando a alcanzar hasta los 2,5 cm de diámetro. Entre el 70% y el 80% de los gangliones aparecen en la muñeca o la mano, mientras que los que se desarrollan en los dedos, conocidos como quistes mucoides, suelen asociarse con la artrosis. En algunos casos, los gangliones en la muñeca pueden causar dolor y, si crecen mucho, llegar a limitar el movimiento de la articulación.   Causas de los gangliones Aunque no se conocen las causas exactas de su aparición, se cree que los gangliones se forman cuando el tejido que rodea una articulación o tendón se desplaza. Suelen estar relacionados con lesiones articulares previas o el sobreesfuerzo. De hecho, los gangliones en la muñeca son más comunes en personas que practican actividades que requieren un uso repetitivo de esta articulación, como los gimnastas. En el caso de los quistes mucoides que aparecen en los dedos, su presencia puede estar vinculada a la artritis.   Factores de riesgo de los quistes sinoviales o ganglionares Aunque las causas exactas no están claras, se conocen algunos factores que influyen en la aparición de estos quistes: El 70% de los gangliones se manifiestan entre los 20 y 40 años, siendo más comunes en mujeres. Las personas con lesiones previas en articulaciones o tendones tienen mayor probabilidad de desarrollar gangliones. Los individuos con osteoartritis en los dedos son más propensos a desarrollar quistes en esta zona.   Síntomas de los gangliones Los gangliones suelen presentar los siguientes síntomas: Bultos visibles o palpables en las articulaciones o tendones, especialmente en muñecas y manos. Los quistes son generalmente redondos u ovalados y miden menos de 2,5 cm. Su tamaño puede fluctuar dependiendo del uso de la articulación, disminuyendo con el reposo y aumentando con el movimiento repetitivo. Aunque la mayoría son indoloros, en algunos casos pueden comprimir nervios cercanos, causando dolor, debilidad muscular o incluso hormigueo. Si el quiste se encuentra en la palma de la mano, puede doler al apoyarse sobre ella.   Diagnóstico y tratamiento de los gangliones El diagnóstico de los quistes ganglionares suele comenzar con un examen físico y la evaluación del historial clínico del paciente. La palpación del bulto permite determinar si es doloroso. Estos quistes son traslúcidos, por lo que el médico puede utilizar una linterna para verificar si la luz atraviesa el quiste. En algunos casos, se puede requerir una radiografía para descartar otras condiciones, como tumores óseos o artritis. También es común el uso de resonancias magnéticas o ecografías para confirmar la presencia de un ganglión. En cuanto al tratamiento, la mayoría de los quistes desaparecen por sí solos con el tiempo. Si el quiste crece debido a movimientos repetitivos, el médico puede recomendar el uso de una férula y reposo. En casos en los que el quiste cause dolor o limite la actividad cotidiana, puede realizarse una aspiración del líquido, aunque el ganglión puede reaparecer posteriormente. La última opción es la cirugía, y en la Clínica Elgeadi somos especialistas en cirugía mínimamente invasiva, como la artroscopia de muñeca, que permite tratar los gangliones de forma eficaz y con un mínimo impacto en el paciente.   ¿Cómo prevenir los quistes sinoviales? Para prevenir la aparición de gangliones en la muñeca, es recomendable realizar ejercicios de estiramiento y relajación, especialmente si se pasa mucho tiempo frente al ordenador o se realizan actividades que implican tensión en las articulaciones. Las personas con antecedentes de gangliones en la muñeca deben evitar actividades que generen una presión excesiva sobre esta zona. Si aparece un quiste, lo mejor es consultar a un especialista para que lo evalúe adecuadamente y determine el tratamiento más adecuado. En Clínica Elgeadi contamos con un equipo especializado en las patologías de mano y muñeca, ofreciendo un tratamiento personalizado para cada paciente. Si necesitas atención para una dolencia en estas áreas, no dudes en pedir cita con nosotros.

FRACTURA EN RADIO Y CÚBITO, por CLÍNICA ELGEADI

Los tratamientos más efectivos para la fractura de cúbito y radio La fractura de cúbito y radio es una lesión común, especialmente en niños, que ocurre debido a caídas o traumatismos. Es fundamental recibir el tratamiento adecuado para asegurar una correcta recuperación de la movilidad en la articulación afectada.   ¿Qué son el cúbito y el radio? El cúbito y el radio son dos huesos clave del antebrazo. El cúbito se ubica en la parte interna del antebrazo, mientras que el radio está en la parte externa. Ambos son esenciales para los movimientos del brazo y la mano.   Funciones del cúbito y el radio Estos huesos son cruciales para la movilidad del brazo, ya que permiten la flexión y extensión del codo y la muñeca. También son responsables del movimiento de pronosupinación, que facilita la rotación del antebrazo. Gracias a su función, actividades cotidianas como escribir, peinarse o levantar objetos son posibles.   ¿Qué es una fractura de cúbito y radio? Una fractura de cúbito y radio ocurre cuando uno o ambos huesos se rompen. Las fracturas suelen ser el resultado de traumatismos directos o enfermedades que debilitan los huesos, como la osteoporosis o la artrosis.   Síntomas de una fractura de cúbito y radio El principal síntoma es el dolor intenso en el antebrazo, que se agrava al palpar la zona. En algunos casos, se pueden observar deformidades en el codo o la muñeca. Además, suele haber hinchazón que provoca rigidez e inmovilidad en la articulación.   Causas de la fractura de cúbito y radio Las fracturas de cúbito y radio son generalmente causadas por caídas en las que se apoya el peso del cuerpo sobre el brazo. En personas mayores, también pueden aparecer como consecuencia de enfermedades degenerativas que debilitan los huesos y cartílagos.   Tipos de fractura de cúbito y radio Existen varios tipos de fracturas en el cúbito y el radio. Entre ellas, la fractura de Torus, que afecta el cartílago de crecimiento sin desplazamiento óseo, y la fractura metafisaria, además de la fractura en tallo verde. Otras más complejas son la fractura de Galeazzi, en la que el radio se desplaza y el cúbito sufre una luxación en la muñeca, y la fractura de Monteggia, en la cual el cúbito se fractura y el radio se luxa en su parte superior.   Diagnóstico de la fractura de cúbito y radio Ante la sospecha de una fractura, el especialista evalúa la movilidad del antebrazo y examina posibles deformidades o daños en tendones y nervios. Para confirmar el diagnóstico, se suelen realizar radiografías o resonancias magnéticas, que aportan información detallada sobre el estado de los huesos.   Tratamiento para la fractura de cúbito y radio Una vez diagnosticada la fractura por el traumatólogo especialista en mano y muñeca, el tratamiento más común es la inmovilización del antebrazo mediante escayola o férula, lo que facilita la curación natural de los huesos. En algunos casos, se prescriben antiinflamatorios para aliviar el dolor. Si la inmovilización no es suficiente, puede ser necesaria una intervención quirúrgica para recolocar los huesos y fijarlos con material quirúrgico.   Recuperación tras una fractura de cúbito y radio La rehabilitación es clave para recuperar la movilidad del antebrazo. La fisioterapia especializada fortalece la articulación y facilita una recuperación progresiva. Un tratamiento adecuado no solo evita complicaciones, sino que también permite al paciente retomar sus actividades cotidianas con normalidad.

LA PERIOSTITIS TIBIAL, por REKOVERY CLINIC

UNA LESIÓN COMÚN EN DEPORTISTAS La periostitis tibial es una condición frecuente que afecta principalmente a los deportistas, especialmente aquellos que realizan actividades de carrera o impacto repetido en las piernas. Esta afección se produce debido al uso excesivo de la tibia, uno de los huesos más largos del cuerpo humano, ubicado en la parte inferior de la pierna. La periostitis es la inflamación del periostio, una membrana que rodea y protege la tibia, y suele provocar dolor en las espinillas, siendo habitual en corredores de larga distancia.   Tipos de periostitis tibial Existen dos formas principales de periostitis tibial, dependiendo del área afectada. La periostitis tibial posterior afecta la parte posterior de la tibia y está relacionada con una tensión excesiva en el músculo sóleo y el flexor común de los dedos, afectando a quienes suelen apoyar el peso en la parte interna del pie al caminar o correr. En cambio, la periostitis tibial anterior es más común en deportistas que entrenan en superficies duras o inclinadas, donde el impacto repetido sobre la tibia puede generar inflamación. Ambas formas de periostitis requieren un diagnóstico temprano para evitar que la lesión se vuelva crónica y más difícil de tratar.   Causas de la periostitis tibial Las causas de la periostitis tibial son variadas y no se limitan a un solo factor. Entre las más comunes se encuentran las lesiones por esfuerzo repetitivo, movimientos repetidos que se realizan de manera continua. Pasar muchas horas de pie, especialmente en trabajos que lo exigen, también puede contribuir al desarrollo de esta condición.   Periostitis en corredores En los corredores, la periostitis tibial es una lesión frecuente, y el uso de calzado inadecuado o desgastado puede aumentar el riesgo. Entrenar en superficies duras, como el asfalto, o realizar carreras en pendientes pronunciadas puede generar una presión excesiva en el periostio. Es esencial mantener una técnica adecuada y controlar tanto la intensidad como el volumen de entrenamiento para evitar el sobreentrenamiento y, por ende, la aparición de la periostitis. Además, los problemas biomecánicos, como la pronación excesiva o “arcos caídos”, son factores adicionales que pueden desencadenar la periostitis tibial en corredores.   Síntomas de la periostitis tibial El síntoma principal de la periostitis tibial es el dolor en las espinillas, que puede evolucionar a medida que la lesión avanza. Las personas afectadas pueden experimentar hinchazón en los músculos y los huesos de la parte inferior de la pierna, así como sobrecarga en los gemelos. Si no se trata adecuadamente, el dolor puede progresar y derivar en una fractura por sobrecarga.   Tratamiento y prevención de la periostitis tibial Para prevenir y tratar la periostitis tibial, es crucial modificar ciertos hábitos. Los deportistas deben evitar sobrecargar los músculos de las piernas y realizar estiramientos antes y después del ejercicio. También se recomienda reducir la intensidad del entrenamiento si aparece dolor en la tibia. Es aconsejable realizar un análisis de la pisada para corregir posibles desequilibrios biomecánicos. El uso de vendajes compresivos y la aplicación de hielo durante 15 minutos pueden aliviar los síntomas, disminuyendo la inflamación y el dolor.   Duración de la recuperación El tiempo de recuperación de la periostitis tibial varía según la gravedad de la lesión. Cada caso es diferente, por lo que se recomienda acudir a un profesional de la salud para obtener un diagnóstico preciso y un tratamiento personalizado.   Ejercicios recomendados Algunos ejercicios en casa pueden ayudar a aliviar los síntomas de la periostitis tibial. Por ejemplo, estirar las pantorrillas apoyando las manos en una pared y manteniendo una pierna recta hacia atrás puede reducir la tensión en la tibia. También se sugiere caminar de puntillas o sobre los talones para fortalecer los músculos de las piernas. Con todo esto, ahora ya sabemos que se trata de un traumatismo que aparece en mayor medida en los deportistas. En caso de padecer algunos de los síntomas de la periostitis tibial se debe acudir a traumatólogos profesionales para una correcta exploración, diagnóstico y tratamiento más acertado en cada caso. Puedes pedir cita en nuestra clínica o escribirnos para cualquier duda que tengas

LESIONES MÁS COMUNES DE LA RÓTULA DE RODILLA, por CLÍNICA ELGEADI

El dolor de rodilla es uno de los más frecuentes que lleva a los pacientes a visitar a un especialista en traumatología. Este puede ser la consecuencia de alguna lesión en el área o un síntoma de una infección y tener efectos devastadores en nuestros hábitos diarios, por eso, es fundamental visitar a un profesional para que realice un diagnóstico.   ¿Por qué duelen las rodillas? Cada año, numerosos pacientes con los mismos síntomas acuden a las clínicas de traumatología especializadas. La mayoría describen sus patologías como un dolor de rodilla que se extiende hasta el tobillo, dolor en las rodillas al flexionar o molestia en la parte interna de la rodilla. Es de esperar que a lo largo de la vida esta articulación sufra alguna o varias lesiones. Esto es debido a que nos permiten andar con normalidad, correr, saltar, nadar y realizar las actividades habituales. Incluso nos dan la flexibilidad y estabilidad necesarias para mantener una vida activa. Todo esto la convierte en una de las articulaciones más necesarias y delicadas. Además, si añadimos algunos factores como sufrir de sobrepeso o realizar algún deporte de impacto, la presión a la que están sometidas es todavía mayor. Por eso, no es de extrañar que sean una parte del organismo propensa a padecer lesiones y otras patologías.   Principales lesiones y causas del dolor de rodilla La rodilla es un sistema sensible. Comprende una doble articulación que une tres estructuras óseas: el fémur, la tibia y la rótula. Una parte primordial son también los ligamentos y musculatura. Los ligamentos de mayor relevancia son: los cruzados anterior y posterior, los laterales interno y externo, y el rotuliano. Los músculos también elementales para su funcionamiento son: el cuádriceps, los flexores de rodilla, los extensores de rodilla y los de la cadera. Ahora que tenemos una visión general de todos los elementos que intervienen en un buen funcionamiento de la articulación de la rodilla, podremos comprender mejor las afecciones que puede sufrir y por qué sentimos dolor.   Rotura de ligamento cruzado anterior Esta lesión de ligamentos cruzados es habitual en deportistas y se genera cuando se produce una ruptura o desgarros en la zona.   Rotura de cuerno posterior de menisco interno Es una de las más frecuentes cuando hablamos de la rodilla. Esta patología es el resultado de la fisura en una de las partes del menisco, que se da normalmente por traumatismos bruscos.   Condromalacia rotuliana Producido por una presión excesiva sobre el cartílago, que puede provocar una inflamación de la parte inferior de la rótula y el reblandecimiento del cartílago. Frecuentemente se ve reflejado en un dolor en la parte delantera de la rodilla.   Síndrome de la cintilla iliotibial Comúnmente llamado síndrome del corredor, esta lesión es producida por una presión excesiva de la cintilla iliotibial causando su inflamación. Entre los síntomas podemos mencionar un dolor punzante o sensación de quemazón en la cara externa de la rodilla.   Gonartrosis Conocida como la artrosis de rodilla, es una enfermedad crónica, progresiva y degenerativa que tiene como consecuencia la pérdida de cartílago.   Derrame articular en rodilla Consecuencia de una acumulación excesiva de líquido sinovial en la rodilla. El derrame articular en la rodilla frecuentemente viene acompañado de hinchazón, rigidez y dolor.   Cirugía mínimamente invasiva: artroscopia de rodilla Cualquier dolor o lesión en la rodilla limita nuestras actividades habituales. Es primordial que el paciente haga una consulta con un médico especialista quien será el encargado de hacer un diagnóstico y explicar los tratamientos posibles. Una de las técnicas mínimamente invasivas que existen hoy en día para algunas de estas patologías es la artroscopia de rodilla  Se realiza mediante incisiones mínimas en la piel, gracias a este procedimiento, se puede visualizar la articulación en su totalidad. Con una visión más clara de la lesión el especialista traumatólogo podrá realizar un diagnóstico más preciso de la patología y. de este modo, se introducirán únicamente los pequeños instrumentos quirúrgicos necesarios para el tratamiento de la misma.   ¿Es posible operarme los meniscos con esta técnica no invasiva? Existen diversas lesiones que pueden ser tratadas a través de esta cirugía no invasiva y la rotura de menisco es una de ellas. Mediante esta microcirugía también pueden tratarse las meniscopatías traumáticas, las lesiones de ligamentos cruzados, las lesiones del cartílago articular de la rodilla y las condromalacias articulares, entre otras. Si sientes dolor o molestias en una articulación y quieres comenzar a cuidar tu salud, solicita una consulta con un especialista en traumatología. Recuerda que son sistemas delicados que necesitan una atención médica de calidad. En Clínica Elgeadi ofrecemos un tratamiento personalizado gracias a nuestro gran equipo médico de traumatólogos.

LA OSTEOPATÍA, por REKOVERY CLINIC

¿Qué es la osteopatía? Beneficios y aplicación La osteopatía es un conjunto de técnicas manuales y tratamientos no invasivos, que se emplean para tratar lesiones y aliviar molestias y dolores a través de la recuperación del equilibrio orgánico. Una de sus características es la visión holística del cuerpo, es decir, lo entiende como una unidad completa y no como un conjunto de órganos. De esta forma, trata las lesiones desde su origen, analizando las posibles causas. Además, trabaja potenciando la homeostasis, la capacidad de los organismos vivos de mantener unas condiciones estables favorables para la realización de las funciones orgánicas. Es importante que esta terapia sea ejercida por un osteópata colegiado, para evitar efectos colaterales negativos. En España, está considerada una rama de la fisioterapia.   Tipos de osteopatía Se pueden diferenciar tres clases fundamentales. En primer lugar, encontramos la estructural, que se centra en el sistema musculo esquelético. Es la más empleada para corregir las patologías y lesiones relacionadas con huesos y músculos. También se puede diferenciar la visceral, que se centra en la estimulación y rehabilitación de las vísceras y órganos vitales, como el estómago, el páncreas o el aparato reproductor. Por último, existe la craneal, que estudia la relación entre la estructura del cráneo y el sistema nervioso. Mediante este tipo se estimula la movilidad del líquido cefalorraquídeo, para recuperar el equilibrio orgánico.   ¿Cuándo recurrir a la osteopatía? La osteopatía es una técnica que, sin ser intrusiva, ofrece buenos resultados. Está recomendada para pacientes de lesiones crónicas, que ya se han sometido a distintos tratamientos sin obtener resultados positivos estables en el tiempo. Existen ciertas patologías y situaciones que pueden ser propicias para acudir a un osteópata. Por ejemplo, en el caso de enfermedades agudas, en las que se hayan consumido medicamentos durante un período largo de tiempo, la osteopatía puede contribuir a que el aparato hepático y digestivo recupere el equilibrio después de las alteraciones provocadas por la medicación. También, es recomendable para tratar el estrés emocional y psicológico, ya que trabaja la relajación muscular, lo que, en muchos casos, es beneficioso en estos casos.   Aplicación de la osteopatía En primer lugar, se puede usar para curar las patologías osteo-articulares y musculoesqueléticas como, por ejemplo, esguinces, tendinopatía o contracturas musculares. Además, es recomendable para tratar enfermedades digestivas y patologías genito-urinarias, como cistitis, amenorrea o trastornos menopáusicos; y puede ayudar con trastornos de incontinencia, así como enfermedades respiratorias. En otra línea, se puede aplicar en patologías neuronales, que afecten a la calidad de vida del paciente, como cefaleas o migrañas, o en trastornos del sueño o trastornos anímicos.   Técnicas de la osteopatía Una de las más importantes es la liberación miofascial que, mediante terapia manual, trabaja las adherencias entre la fascia y el músculo, para que las fibras musculares mejoren su movilidad, y por tanto se eviten las lesiones. Otra de las prácticas más habituales es la técnica de la energía muscular. En este caso, el paciente fuerza una contracción muscular, mientras el terapeuta realiza los estiramientos pertinentes para lograr la relajación muscular. La osteopatía trabaja la liberación de los puntos gatillo, mediante la “técnica de Jones”: se ejerce presión sobre estos puntos, con el objetivo de aliviar los dolores. Y, por último, la “técnica de Trust”, que coloca las articulaciones mediante movimientos rápidos e indoloros, lo que más comúnmente se denomina crujido de huesos.   Beneficios de la osteopatía Los beneficios de la osteopatía son numerosos, y pueden observarse buenos resultados a corto plazo. Entre los más notables, encontramos el equilibrio entre músculos y sistema nervioso, lo que mejora, de forma notable, la estabilidad y el equilibrio del cuerpo, reduciendo la probabilidad de sufrir lesiones. Además, al tratarse de un tratamiento poco invasivo, no es doloroso y el paciente no tendrá que consumir fármacos, como ya hemos dicho antes. Puede ayudar en la prevención y el tratamiento de patologías de distinta índole, mejorando la calidad de vida del paciente.